Cuando un vehículo pesado desacelera, una enorme cantidad de energía cinética se convierte en calor en las pastillas de freno y se disipa en el aire. El punto de partida de la tecnología de eje eléctrico (e-axle) es precisamente ese desperdicio: el motor pasa a modo generador, convierte la energía de deceleración en electricidad y la almacena en la batería instalada en el semirremolque.
Las fuentes de la recuperación
Los momentos de mayor recolección son las bajadas largas y el tráfico repetitivo de parada y arranque. En la bajada ya se requiere frenar para mantener la velocidad constante; el e-axle convierte esa resistencia en generación eléctrica y además reduce el calentamiento de los frenos de servicio. En el reparto urbano, cada parada añade contribuciones pequeñas pero constantes a la batería.
¿A dónde va la energía recolectada?
- Se devuelve como apoyo de tracción en el arranque y en la subida de rampas
- Se emplea en la alimentación eléctrica de la unidad de refrigeración frigorífica
- Alimenta sistemas auxiliares como el eje elevador, el elevador de la puerta trasera y el alumbrado
- Aporta a la autonomía total cuando se combina con una tractora eléctrica
En el lado de la ingeniería el asunto crítico es la integración: el e-axle debe comunicarse sin fisuras con el sistema de frenos y la unidad de control del vehículo; el par de recuperación nunca debe poner en riesgo el agarre ni la estabilidad. En un sistema bien ajustado el conductor no percibe ninguna diferencia; la única diferencia visible es la factura de combustible y las partidas de mantenimiento de frenos. La recuperación de energía es una partida de ingresos silenciosa que se escribe directamente en el coste total de propiedad del semirremolque.